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martes, 17 de abril de 2018

Fotógrafo crea serie sobre objetos de infancia que la gente no puede jugar fuera


La creación de lazos con objetos y la atribución sentimental dada a ellos, principalmente con aquellos relacionados a la infancia, representa una dificultad común de las personas con el desapego. El valor emocional agregado a los objetos por sus dueños en la visión de quien observa puede ser fascinante, y fue inspirado en esa fascinación que el fotógrafo Christopher Bethel desarrolló una serie de fotos e historias sobre la relación singular entre persona y objeto.

El resultado del proyecto fue una mezcla de imágenes de los objetos solos y de sus dueños los utilizaban. La variedad de objetos va desde clichés como un osito de peluche, hasta los más inesperados como una herradura de caballo. Vea abajo la serie:

Mike y su bata

Mike cuenta que su madre compró la bata hace unos 23 años. Cuando era más joven, no podía dormir si el cuarto no estaba completamente oscuro, entonces siempre dormía con algo tapando la cara, y esa cosa era siempre su bata. Cuando usa la bata para cubrir sus ojos, acaba apagándose instantáneamente. A pesar de que su bata está vieja, acabada y no es tan bueno usar, Mike está acostumbrado a poner algo para cubrir la cara, y como tiene ese bocado hace tanto tiempo, no hay por qué jugar fuera ahora. "Tengo que tenerlo para toda la vida", dice él.



Mari y su violín

Mari ganó el violín cuando tenía 11 años y tocó con él hasta los 18, cuando comenzó a tener problemas en los tendones. Desde entonces el instrumento sigue intacto desde hace 9 o 10 años. A pesar de no poder tocar, Mari dice que todavía ama el instrumento y que tiene varias canciones que le encantaría tocar en él si pudiera. "Si yo lo vendiera, sería como si una gran parte de mí hubiera desaparecido, usted tiene una relación física con los instrumentos, usted crece con su instrumento y él también se alimenta de su cuerpo, es una relación de doble mano. No diría que me deshacer de él sería como terminar un noviazgo, pero siento que una gran parte de mi cuerpo ir con él ", cuenta ella.



Ella y su rosario

Ella ganó el rosario en su primera comunión de su abuelo, cuando tenía 8 años. Aunque fue creada en la religión, acabó dejando de creer en ella a lo largo del tiempo. Hoy en día, ella tiene el rosario como recuerdo de su familia, que todavía es muy católica, y cree que lo guardó casi por casualidad, pues él siempre estuvo en su cajón. Ella cuenta que a pesar de no ser creyente más, continúa encontrando consuelo en su rosario en los momentos de duda o dificultad.



Ian y su cráneo

Ian encontró su cráneo de ciervo cuando tenía 6 o 7 años, hace 17 años, en un bosque donde solía buscar huesos para su colección. A pesar de que buena parte de su colección se ha ido por sus padres no les gusta, el cráneo continuó con Ian. "Es una colección ligeramente mórbida para un niño, pero no hay mucho que hacer en el interior. De cierta manera, tiene un valor sentimental para mí. Es una cosa del interior, que me recuerda de dónde crecí."



Kate y su herradura

Kate guarda desde los 9, hace 27 años, la herradura oxidada de "Birdie", una potra de color gris que hizo una gran parte de su vida. Creciendo en el interior, su madre la alentó a montar tan pronto como llegó a tener la edad suficiente para cuidar de sí misma y llevar un cubo de agua. Cuando cumplió 7 años y finalmente se hizo capaz de eso, Birdie se convirtió en el foco de su vida por los 7 años siguientes, hasta que Kate se puso más grande que ella como tenía unos 14.



Oobah y su cartera de Slipknot

Oobah ganó su cartera del Slipknot de su tía a los 13, hace unos 12 años, el mismo tiempo en que no come carne. "Pienso en esa cartera como mi cinturón de castidad del vegetarianismo", cuenta. Para Oobah, tirar fuera la cartera sería como dejar una parte de sí mismo, que a pesar de no ser más fan de la banda y de haber deshecho de buena parte de sus camisas, no consigue dar el mismo fin al accesorio. Incluso encontrando el objeto de cierta manera embarazoso, él sigue considerando una buena forma de reconectarse con cuando era más joven. Además, para él la cartera con corriente es simplemente más práctica.



Michael y Night Night

Michael ganó Night Night, su osito de peluche, hace 22 años, cuando tenía sólo meses de vida. Él dice que hasta hoy el oso lo conforta cuando está solo en la cama y siente frío, y ai confía que a veces, cuando alguien duerme en su casa, acaba teniendo que esconderlo del lado de la cama por no querer que alguien vea. Desde que sus padres vendieron la casa donde creció, Michael nunca volvió para allá y tampoco tiene nada de esa edad. Por eso, Night Night se convirtió en su única conexión física con la infancia.



Bekky y su corriente

Bekky tiene su corriente de oro que era de su madre desde que murió hace 8 años, cuando aún era adolescente, y la usa todos los días. Para ella, usar el collar es como estar cargando una pequeña parte de su madre consigo y la hace sentir segura. "Tengo que saber que ella está cerca de mí siempre, eso permite que todavía me sienta conectada a ella, aunque sea sólo un collar. Ella ya se ha vuelto parte de mí y yo estaría perdida sin mi corriente", cuenta Bekky.



via Vice

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